«En la antigua navegación a vela, la carga bien estribada equilibra mejor al navío, por lo que en muchos viajes de vuelta, si lo hacía de vacío, se llenaba de piedras la sentina. Lo mismo sucede con la cabeza, que lo que más teme y le hace sufrir es quedarse vacía de ideas. Prefiere pensar cosas absurdas, como lastre de la razón, que tener la cabeza hueca.
Las voces esquizofrénicas han ocupado el espacio de los ángeles y demonios que hacían de intermediarios con la irrealidad y el más allá. Una vez desplazados por la razón y el agnosticismo, la conciencia, aún no preparada para esa ausencia y para atreverse por sí sola, según el lema kantiano que define la Ilustración- sapere aude-, echó mano de las certezas delirantes y de las voces alucinatorias cuando, atragantada de libertad, ya no podía con tanta emancipación. A los hombres nos resulta aún muy difícil en la incredulidad e independientes. Si miramos al cielo con detenimiento nos crece un dios, y si lo hacemos al suelo con concentración descubrimos un enemigo. Las voces son la respuesta inteligente de la locura a la soledad del hombre ilustrado. No era tan fácil de soportar la prometedora razón del ciudadano.”
Las voces de la locura.
José María Álvarez; Fernando Colina.