TU PROPIA ÍTACA
“No, la ciudad no es el paraíso. Kavafis también lo sabía:
Dijiste: Iré a otra ciudad, iré a otro mar:
Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
Y está mi corazón-como un cadáver-sepultado.
Mi espíritu hasta cuando permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelvan, donde quiera que mire
Oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
Donde tantos años pasé y destruí y perdí.
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
Por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
Y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar-no esperes-
No hay barco para ti, No hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
En este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.
Por mucho que te vayas lejos, llevas tu ciudad de origen clavada en el alma. En todo lo que en tu pueblo te enseñaron a pensar acerca de ti mismo y a esperar de los demás. Donde si no tienes habilidades para relacionarte con otros, no sabrás hacer amigos. Donde si no has aprendido a superar tu miedo a hablar de tu vida íntima, no podrás jamás intimar con nadie. Donde si no aprendes a superar tus suspicacias, nunca te podrás sentir rodeado de personas de confianza. Si no dejas atrás tu ciudad, la ciudad que llevas gravada en tu forma de comportarte, si no superas tu inercia biográfica, las nuevas ciudades, por muchas que recorras, no dejaran de ser más que reflejos de tu pueblo, de tu barrio y de las gentes que te dañaron. Tendrás que aprender a dejar atrás tus “mochilas”; dejar morir a quien fuiste y renacer como un hombre nuevo…”
QUIERETE MUCHO, MARICON
Gabriel J. Martín